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Leía ayer, mientras hacía un dossier sobre el tenis en Sevilla a un tal Iván Ferreiro -dice que es músico- afirmar que Rafael Nadal no era ningún ejemplo para la sociedad, sino más bien lo contrario. La opinión de cada cual es respetable, aunque en el mencionado dossier del tenis en Sevilla, apuntamos la mayor evolución  en los chicos, gracias en parte a este Señor.

He de confesar que no conocía al susodicho y tras una breve búsqueda en Google comprobé que pertenecía al gremio de los mediocres envidiosos que han elevado a ideología sus frustraciones. Ésto ocurre a menudo en cualquier gremio. Sin ir muy lejos, el tenis en Sevilla también lo vive.

El tipo aseguraba: «Hemos tardado muchos años en conseguir que cuando nos encontremos mal no tengamos que ir a trabajar para que este millonario nos diga que fué con el pié roto»…  ¡Como si Nadal quisiera obligar a trabajar a todos los enfermos!

De su absurdo razonamiento se extrae lo que albergan las mentes carcomidas que cargan continuamente contra la cultura del esfuerzo. Precisamente el hecho de competir -trabajar- en esas condiciones, es lo que convierte a Nadal en un ser extraordinario y de enorme valía porque mientras el tal Iván, cancelaría un concierto porque le duele la cabeza o -en estos tiempos- porque tiene la regla, Rafael Nadal hace lo que la inmensa mayoría no haría: «jugar lesionado»…

Los que alguna vez hemos jugado al tenis en Sevilla, o en cualquier lugar, sabemos lo que es eso! Pero en cierta medida es lógico que los perdedores del juego de la vida exhiban un odio tan profundo frente a Nadal. La religión del fracasado se construye en la fé de eliminar cualquier tipo de responsabilidad individual y diluirla en el colectivo para que así el mediocre haye una razón, una explicación a su fracaso… Cuestión ésta, la individualidad, difícil de evitar cuando jugamos al tenis en Sevilla, o en cualquier punto. De ese modo, no haber alcanzado ningún hecho reseñable a lo largo de su existencia. En caso del mencionado Iván ya no se debe entonces a su malhacer, sino a una sociedad y estructura que están en su contra. «Porque todos somos capaces de mejorar» -basta con ponerse a ello-

Lo hacen a diario muchísimos/as jóvenes y adultos, cuando entrenan a tenis en Sevilla… Pero no todos/as están dispuestos a someterse al desagradable sacrificio que implica, cosa que Nadal -con la inestimable ayuda de su Tío Tony- si ha estado dispuesto a hacer.

Una realidad intolerable para la jauría que exclama: «¡La meritocracia es un mito!». Lo cierto es que entusiasmarse por cumplir un sueño, competir contra uno mismo y sacrificarse para intentar ser el mejor -como Nadal- inspira a la sociedad y a todos aquellos/as que guardan un mínimo de amor propio.

Cuanto menos, sí ha sido inspiración para quienes jugamos al tenis en Sevilla y me atrevo a decir que en toda España. Lo que nunca inspiró a nadie, es querer ser un Iván Ferreiro de la vida…

 

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